La bella del minuto

9 de Septiembre del 2009 | Comente aquí | Mujeres, Religión, budismo, como objeto, interés de los hombres |

Tres bellas
Tres bellas dan la hora

Hace un par de días me encontré con el Reloj de las bellas (美人時計: bijin-tokei). El sitio no indica cuál es su objetivo ni por que fue creado. Lo único que uno puede saber es que cada minuto aparece una mujer distinta dando la hora.

El sitio pertenece a una empresa de relaciones públicas, a la cual le envié un correo preguntando cual es el objetivo, pero me respondieron con mensaje genérico indicando que habían recibido mi mensaje y que tal vez contestarían por correo electrónico.

La curiosidad me impulsó a hacer una búsqueda pero lo único que he podido averiguar al momento de escribir es que supuestamente se trata de un proyecto de varios artistas que quieren resaltar la belleza de la gente común y corriente en Japón. Aún queda por ver si es cierto, pues las veces que he revisado siempre veo mujeres jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 18 y los 28 años. Supuestamente habrá también un sitio resaltando la guapura de los varones.

Más allá de si realmente el objetivo únicamente es o no resaltar la belleza de los japoneses comunes y corrientes, me parece que es una idea muy interesante, sobre todo porque hoy por hoy los grandes medios globales promueven mundialmente una estandarización de la belleza según ciertos cánones occidentales.

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De esto no me caben dudas por dos razones. Primero, hace algunos meses leí un interesante reportaje sobre los éxitos recientes de las japonesas en Miss Universo, quienes ganaron la corona en el 2007 y el puesto de primera acompañante en el 2006. Según el reportaje desde hace algunos años se viene trabajando para que ser Miss Japón tenga prestigio internamente. Aparte de ello, el concurso aparentemente busca no solo mujeres altas, sino que tengan un aspecto apetecible a Occidente. Es quizás por eso que la prensa japonesa, aparte de mencionar el triunfo, no le prestó mayor atención a la corona del 2007. Adicionalmente, aún recuerdo que muchas amistades japonesas, tanto hombres como mujeres, me habían comentado que no les parecía que la muchacha ganadora fuera especialmente bonita o interesante.

La segunda razón tiene se debe a una amistad que trabaja en una empresa que tiene está en los sectores de cosméticos y farmacéutica. Esta persona me decía hace no mucho que una de sus luchas es por convencer a las japonesas de que los senos más grandes son mejores porque las convierte en mujeres más bonitas y atractivas. Aquí ha topado con dos estorbos. Uno de ellos, según mi amistad, es el “maldito legado del budismo”, el cual hace, entre otras cosas, que los japoneses solo tengan aquellas cirugías que sean estrictamente necesarias. El otro obstáculo es que como la mayoría de las japonesas tienen senos pequeños, las que son planas no se sienten acomplejadas porque la sociedad todavía no lo señala como algo que le quita atractivo a las mujeres.

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Tres bellas
Tres bellas dan la hora

Como no ha sido fácil convencer a las japonesas, la empresa de mi amistad y otras han optado por lograr su meta trabajando otros ángulos. El más importante de ellos es convencer a los hombres japoneses de que la mujeres pechugonas no solo son más bonitas, sino más ardientes en la cama. Uno de los corolarios es que quien seduce o tiene una mujer pechugona es más hombre. Está de sobra decir que la lógica es que si logran un cambio importante en el gusto de los hombres, las mujeres gastarán buena plata en implantes y demás artificios. Según mi amistad, Japón es un mercado “vergonzoso” para su sector, pues la venta de implantes es simplemente risible si se toma en cuenta el nivel de ingresos de este país.

Vivimos en un mundo en el que muchas mujeres sufren de anorexia y bulimia. Por eso le pregunté a mi amistad, quien tiene tres hijas pequeñas, si podía dormir tranquila por la noche, si no le preocupaba que sus niñas, al llegar a la adolescencia, se convirtieran en parte de lo que pareciera ser el creciente número de jovencitas que sufren esas enfermedades y otras más por la presión de tener cuerpos perfectos. Mi amistad se encogió de hombros y me dijo que es responsabilidad de los padres criar a sus hijas para que puedan sobrevivir en un mundo que no solo es difícil, sino a veces también cruel.

Es en razón de lo anterior que, aún sin saber cuál es el motivo real del Reloj de las bellas, por hoy y por el momento, celebro que este sitio realce la belleza de las mujeres comunes y corrientes. Aunque quizás deberían pensar en referirse a ellas tan solo como mujeres naturales.

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La policía y los extranjeros

3 de Septiembre del 2009 | 1 comentario | Policía, Seguridad |

A pesar de que los policías japoneses por lo general son buena gente y que la policía desde hace muchos años es una de las instituciones más respetadas y con mayor confianza del público japonés, entre ciertos sectores de la comunidad extranjera hay una gran fobia y desprecio hacia los tombos. Hay todo tipo de leyendas urbanas sobre como los policías nipones prácticamente pasan sus horas y días planeando como hostigar a los extranjeros que vivimos aquí.

A este tema aludí indirectamente en el artículo anterior, en el que mencioné como una amiga inicialmente no me había creído, una noche que andábamos perdidos, que podíamos solicitar ayuda policial. Mi amiga no me había creído porque ella había escuchado que los policías japoneses suelen tratar muy mal a los extranjeros. Yo le dije que esa no era mi experiencia ni la de mis amigos cercanos, que yo siempre busco una Kōban (交番 –caseta policial) cuando no encuentro una dirección y que no en vano en este país a los niños siempre se les inculca buscar a un policía si necesitan ayuda. De hecho, desde pequeños los japoneses aprenden a referirse a los policías, de manera afectiva, como omawarisan (お巡りさん –el honorable señor que da vueltas).

Ciertamente en Japón, como en cualquier parte del mundo, hay malos policías, pero son los menos. Independientemente de ello, le expliqué a mi amiga que una característica del cuerpo policial aquí es que la mayoría de sus miembros están allí por vocación y no porque no tenían otra salida. También le mencioné que la mayoría de las quejas en contra de los policías vienen de ciudadanos de cierto país occidental, quienes muchas veces sin saber como funcionan las autoridades policiales y migratorias de su propio país, consideran un atropello que la policía japonesa aleatoriamente le pida a un extranjero su tarjeta de identificación para verificar que está legalmente en el país.

Desde que vivo en Japón, en tres ocasiones me han pedido mi identificación. Siempre he sido tratado con cortesía al momento de la solicitud y siempre he recibido una disculpa por la molestia y el atraso luego de mostrar mis documentos. Tengo otros amigos que cuentan lo mismo. Incluso, tengo una amiga filipina, a quien luego de diez años de vivir aquí, una noche la ley Murphy le castigó por no portar su tarjeta de identificación. En su caso, tuvo que acompañar a los oficiales a la estación y esperar allí hasta que un familiar suyo le trajera sus documentos. Una vez que demostró que todo estaba en orden, se disculpó por su error, lo cual sirvió para que los policías le agradecieran su colaboración y se disculparan por las molestias que le causaron.

La persona con la que hablaba del tema no estaba convencida e insistió que indudablemente lo que le estaba relatando tenía que ser excepciones, pues de varios amigos había escuchado historias de agresión policial. Le pregunté si esos amigos eran de cierto país. Ella me contestó que todos. No solamente era lo que yo sospechaba, sino que también supe que, aunque todos aparentemente “sabían” de supuestas agresiones, ninguno de ellos personalmente había tenido problemas con la policía ni había sido testigo de las historias que contaban.

A esta amistad le mencioné que dentro de la comunidad de extranjeros hay un grupo que es el gran quejoso por excelencia en contra de la potestad policial de revisar documentos de identificación. Le conté que en la mayoría de los casos que supuestamente afectan a los miembros de ese grupo se termina por descubrir que estas personas, cuando un policía les pide los documentos, responden que no los pueden molestar porque son del país tal (en razón de ello más de uno se comporta como un tal por cual) y tratan de seguir su camino ignorando a los oficiales.

En esos casos lo usual es que los oficiales acompañen al transeúnte mientras continúan solicitando el documento de identificación. Casi siempre en algún momento la persona se rehúsa de mal modo, razón por la cual los oficiales le van a pedir que los acompañe a la estación. No hacer caso siempre resulta en que los oficiales se pongan al lado de la persona, la tomen del brazo y le digan que van para la estación. He aquí donde las cosas a veces empeoran. El “detenido” frecuentemente se zafa y exige que no le toquen. Hasta ahí todavía la cosa es salvable. No obstante, siempre hay algún tonto que, aparte de zafarse, le da un empujón al policía. Y cuando eso sucede, son otros cien pesos.

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