Batsu
24 de agosto del 2009 | 11 comentarios | Niños, Religión |
Hace un par de días el pez dorado de mi hija se enfermó. A pesar de que mi esposa estuvo haciendo lo posible por que el pez recobrara su salud, preparamos a la niña para la posible muerte de su mascota, que eventualmente sucedió.
En los días previos a la defunción del pez, mi hija estuvo de visita en la casa de una pareja vecina que no tuvo hijos y que la ha adoptado como nieta postiza. Mientras hablaba con ellos les contó que estaba un poco triste porque su pez se iba a morir. Ojiichan (お祖父ちゃん –abuelito) le dijo que el le iba a hacer una tumba en su huerto para que “Kinta” (el pez) estuviera rodeado de plantas y flores y mi hija lo pudiera visitar cuando quisiera. A mi hija le gustó la idea y fueron al huerto y escogieron donde sería sepultado el pez.
Cuando por fin el pez murió mi hija no lloró, estaba triste pero dijo que lo iba a tener cerca y que además Kinta iba estar feliz en el huerto de ojiichan. Así que llamamos al vecino, quien él inmediatamente vino y recibió los restos mortales del pez con gran solemnidad. Junto con el abuelo salimos todos al “funeral” de Kinta. Mi hija y ojiichan lo enterraron juntos.
Luego de la sepultura mi hija entró en un gran silencio y no tenía ánimo de hablar. Solamente le dio las gracias a su abuelo postizo por su amabilidad y pidió volver a casa. Ya en nuestro apartamento le dijimos que entendíamos y era normal estar triste por la pérdida del pez, pero que sería saludable hablar de lo que sentía. Ella respondió que no estaba triste por el pez, pues se le había cuidado lo mejor que se pudo y simplemente no le logró salvar la vida. Además, se le había hecho un bonito funeral (el abuelo dio un discurso sobre como fue un buen pez). Entonces hubo que hacerle la pregunta obvia: ¿por qué tan callada? Ella respondió que estaba molesta con ojiichan pero que no había dicho nada afuera porque él había hecho el funeral y había dado el espacio para la tumba de Kinta.
Obviamente sorprendidos y francamente desconcertados le preguntamos qué razón podría tener para estar molesta con ojiichan. Ella, con tono serio pero reflexivo nos dijo que no entendía por qué si ojiichan era tan buena gente había insultado la tumba de Kinta. Siguió su explicación señalando que su pez nunca había molestado a nadie y que los peces no lastiman a los humanos; por eso no entendía como el abuelo podía cavar una tumba, dar un bonito discurso en las honras fúnebres del pez y aún así ofender la memoria del pez.
Aún más perplejos, le preguntamos cuál era la ofensa a la memoria del pez. Mi hija, molesta con la pregunta nos espetó: «¿Cómo no pueden saber? ¿No vieron la tumba? ¡Dice que mi pez era malo!». Ante la falta de claridad, no se si fue la mamá o yo quien se disculpó por no poner la debida atención, pero le pedimos que nos explicara exactamente cual era la ofensa para hablar con ojiichan, pues estábamos seguros de que él se disculparía por cualquier equivocación que hubiese cometido.
Mi hija nos dijo que ella no entendía por qué el abuelo lo había puesto a la tumba “batsu”. Fue necesario hacer un esfuerzo sobrehumano para contener la risa. En japonés batsu significa malo o equivocado y es común que se denote con una equis. El abuelo había puesto una cruz en la tumba, que me hija interpretó como “batsu”. Aguantando las ganas de reírnos, le explicamos que ojiichan puso esa marca como señal de respeto, pero mi hija interrumpió recordándonos el significado de la equis. Le pedimos la oportunidad de explicar y procedimos a decirle que ojiichan había supuesto que por haber nacido ella en Costa Rica y por tener un papá tico ella probablemente era cristiana y por respeto a lo que él pensó que eran nuestras creencias decidió poner la “equis” en la tumba de Kinta.
No muy convencida de nuestra explicación nos preguntó qué era un cristiano. Así que le explicamos, lo mejor que pudimos, lo que el cristianismo sostiene como creencias principales. No se si nuestra explicación fue buena o mala, pero la niña nos dijo que era un cuento que no tenía sentido –sobre todo en relación con la muerte de Kinta– y que seguía sin entender por qué el abuelo pudo suponer que un adulto creería que un cuento de esos es la realidad.
Yo no quería alargar la conversación, pues es un tema muy complejo de explicar de manera lógica, aparte de que mi hija no ha tenido ningún tipo de formación religiosa que la predisponga a creer en ese tipo de cosas. Así que me decidí por lo más fácil que se me vino a la mente. Le dije que los cristianos son como algunos amiguitos de ella en el kínder, personas que creen tener un amigo invisible con el que hablan de vez en cuando. Mi hija pareció entender y me dijo: «ah, entonces le hablan para sentirse bien, pero saben que es un juego, que el amigo no existe». Para no extender más el tema, le dije que sí, que los cristianos, muy en sus adentros, saben que su amigo invisible es solo una ficción para sentirse mejor. Con esta explicación la niña se quedó tranquila.
Al día siguiente ella fue a visitar a sus abuelos postizos. De su propia iniciativa decidió explicarle a ojiichan por qué ella había estado tan callada el día anterior y se disculpó por haberse molestado con él y no haberle dicho. El abuelo le dijo que no había problema y la culpa era de él por suponer que la familia de nosotros tenía alguna filiación religiosa. Ambos quedaron en paz y contentos.
Contenta con todo, mi hija le pidió un pequeñísimo favor a ojiichan: que quitara de la tumba de Kinta la señal de “batsu”.
Commentarios
Este artículo, publicado el 24 de agosto del 2009 a las 24 de agosto del 2009 | 10:13 am, está archivado en Niños, Religión. Si le interesa, puede darle seguimiento a otros comentarios sobre este artículo a través del RSS 2.0 feed. Por favor deje un comentario o un trackback desde su sitio.

porque es tan complicado explicar de a la niña de un amigo imaginario si tan solo el panteon shinto tiene alrededor de ocho millones de kamis y sub divinidades endemicas de pueblos, me parece a titulo personal y lo digo a modo de compartir la idea que tan firme es la posicion de los que creen comola de los que no creen que haya algo en que creer.
y bueno mi amigo la filosa apreciasion de esa niña es algo temible, bajo tales criticas se podria pronosticar una adolesencia de argumentos Suerte!!!
Gracias por su comentario.
Lo que sucede es que la niña está siendo criada de manera secular. Aparte, ella nunca había oído hablar del cristianismo. Por último, su interés se derivó de su molestia por la señal de “batsu”.
Tiene usted razón en que probablemente cuando sea adolescente, si no antes, tendrá una gran afición por los argumentos.
Me gustó esa afirmación de “un cuento de esos” para describir el cristianismo por parte de tu hija. Me gustaría que le pidieras opinión sobre lo de “el pecado original”: que ella es una niña que nació con pecado por culpa de Adán y Eva y por eso tiene que pasar toda la vida haciendo buenas obras o va al infierno.
Pedirle una opinión sobre el “pecado original” sería casi imposible. Mi hija no tiene siquiera el concepto de que es un pecado.
Me encanta tu relato. Yo fuí criado en un amasijo curioso, por una lado una educación basada en el humanismo secular y por otro toda la carga tradicional de algunos miembros de mi familia así que creo que me identifico con la perplejidad de tu hija.
Como usted bien lo señala, aunque uno puede criar a los hijos según el mejor parecer de uno, el entorno siempre tiene su peso. Con mi hija yo veo la manifestación del entorno en simple hecho de que generalmente cuando es jueves empieza a preguntar que vamos a hacer el fin de semana. No se queda tranquila hasta que uno le diga el sábado vamos a hacer abc y el domingo xyc, todo con una idea muy general sobre los tiempos.
También me acabo de acordar que la última vez que estuvimos en CR, hace año y medio, pasamos al frente de una iglesia y ella me pregunto si esa edificación era un castillo. Cuando le dije era una iglesia, se quedó con la mirada en blanco y me preguntó si yo estaba seguro de que no era un castillo.
Pensándolo detenidamente, tu hija puede tener razón. Un castillo es un lugar fortificado, muchas veces símbolo de poder y status del dueño de este. Una iglesia es muchas veces símbolo de poder y status de la religión católica o del papa, o del dios católico. Por ejemplo, en Ciudad Quesada, el edificio más grande e imponente es la catedral católica. Además, muchos creen que el diablo el demonio o las personas malas no pueden entrar a la iglesia, por lo que está “fortificada” contra los enemigos del catolicismo. Síp, tu hija tiene razón.
Interesante su comentario. No obstante, mi hija en ese entonces tenía cuatro años recién cumplidos.
Me quede como loco con esta historia. Esta superbuena. Creo que se gano un lector mi amigo.
¡Gracias!
¡Más razón para elogiarla!