La eficiencia empieza en la casa y en el kínder

27 de julio del 2009 | 7 comentarios | Educación, Niños, Normas sociales, cortesía, kínder |

Me enterado que La Nación ha puesto un enlace a breve video japonés sobre como alistar un niño para ir a la escuela en cinco minutos. Eso incluye la levantada, el desayuno, lavada de dientes y cara y empaque de almuerzo. Aunque el video en cuestión es de un programa de comedia, refleja algo que se ve mucho en la televisión japonesa, tanto en programas serios y en los que no lo son, como hacer tareas ordinarias y cotidianas más eficientes.

Lo primero que la gente que vea el video dirá probablemente será que el niño no se bañó. Eso se debe a que los japoneses tienen la costumbre de bañarse en la noche antes de dormir. Las razones de ello varían de las prácticas a las religiosas. En un sentido meramente práctico, uno nunca sabe que le va a deparar el nuevo día, así que debe estar listo para lo que venga. El aspecto religioso se deriva tanto de las creencias shintoístas como del budismo mayahana de Japón. La limpieza es sumamente importante y es mejor bañarse al regresar a la casa para no traer las impurezas de la calle y por aquello de que uno no se despierte nunca más. El baño nocturno es también importante porque, sobre todo cuando los niños están pequeños (antes de la pubertad), es común que la familia se bañe junta si el tamaño de la tina lo permite.

Volviendo al tema, los japoneses siempre buscan maneras más eficientes de hacer las cosas. Y todo empieza en la casa y a edades tempranas. En los años cincuentas, cuando hubo una gran expansión de construcción de viviendas por parte del gobierno, hubo un momento en que se diseñó la cocina de manera distinta a como tradicionalmente estaba organizada. Los diseñadores le presentaron su idea a una cocinera muy famosa de la época, a quien le desagradó mucho el concepto que le expusieron. ¿Qué se hizo? Pues construyeron varios apartamentos con el diseño tradicional que sugería la chef y otros con la propuesta de los ingenieros y diseñadores. Ubicaron a familias y midieron el tiempo y los pasos que debía dar la madre para preparar las comidas, especialmente por la mañana. Descubrieron que efectivamente el nuevo diseño era mejor pues las madres daban menos pasos y gastaban menos tiempo en preparar el desayuno y en alistar los almuerzos de quienes salían. La chef quedó satisfecha y apoyó con gran entusiasmo una campaña para que la gente acogiera la nueva manera de hacer las cosas.

El sentido del orden también se aprende desde temprano. Y a veces es tan sutil que uno no lo nota hasta que alguna situación lo hace percatarse de ello. Durante nuestra última estadía en Costa Rica, un día que andábamos en Multiplaza, mi hija, que entonces tenía cuatro años recién cumplidos, vio el área de juegos infantiles y quiso usarlos. Mientras estábamos allí fueron llegando más niños. Ella siempre hacía fila, mientras que los demás se empujaban y apretujaban para subirse al tobogán, por lo que muchas veces perdía su turno. Ella me buscó varias veces para preguntarme por qué los otros niños eran tan descorteses y no hacían fila como ella. Cómo no tenía una respuesta rápida y fácil, le respondía que no se preocupara que disfrutara y que se subiera cuando pudiese.

Eventualmente apareció un güila más grande que mi hija y que los demás niños pequeños, quien se dedicó a aprovecharse de lo juegos e incluso a estorbarle a los más pequeños, retándolos a hacerlo un lado. Mi hija vino frustrada hacia mi, ya con una lágrima en el ojo, preguntando por qué ese niño grande se portaba tan mal, incluso al frente de su papá y por qué éste no hacía nada. Yo le tuve que decir que algunos padres no pueden enseñar modales porque no los tienen y que no era culpa del niño no saber portarse bien. El papá, que alcanzó a escucharme –esa fue mi intención– vino a hacia a mí para decirme que él formaba parte de los “nuevos ticos”, esos que entienden –según él– que vivimos en la era de la globalización y que hay que enseñarle a los niños en este mundo sobrevive el más fuerte. Yo le respondí que sobrevivirán los más inteligentes y educados, no necesariamente los bravucones y vivazos. El hombre, envalentonado, sacó lo mejor de su repertorio cervantino: «¡hijueputa! no juegue de vivo porque le rompo el hocico aquí mismo, aunque esté con su carajilla». Me aprestaba a decirle que tener el hocico roto no era mi prioridad durante mis vacaciones, pero en eso intervinieron varias señoras, quienes no solo le reclamaron por mal educado en la presencia de niños, sino que le recalcaron yo le había hablado con respeto. El tipo espetó un «viejas metiches» y se marchó.

Luego de darles las gracias por su apoyo, me di cuenta de que las señoras habían empezado a enfatizarles a sus hijos e hijas que debían hacer fila, a veces con éxito, a veces no tanto. En todo caso, el resultado fue que mi hija pudo jugar un rato con tranquilidad y que luego pudimos hablar sobre la importancia de defenderse con la cabeza y con respeto.

Bookmark and Share

 

 

Commentarios


Este artículo, publicado el 27 de julio del 2009 a las 27 de julio del 2009 | 5:52 pm, está archivado en Educación, Niños, Normas sociales, cortesía, kínder. Si le interesa, puede darle seguimiento a otros comentarios sobre este artículo a través del RSS 2.0 feed. Por favor deje un comentario o un trackback desde su sitio.
7 comentarios

  1. ivannia on 28 de julio del 2009 28 de julio del 2009 | 1:45 am

    Me gusta muchísimo la forma en cómo explicás las cosas y lo hacés a uno reflexionar. Felicidades!!!! Ojalá y el papá mal educado de esta historia esté cambiando su manera de ver el mundo, porque de lo contrario, pobre hijo…

  2. nippontico on 28 de julio del 2009 28 de julio del 2009 | 10:17 am

    Quisiera creer que ese tipo cambió pero lo dudo. Era de esos que disfrutan (quizás por alguna frustración de infancia) del matonismo de sus hijos.

    Pero al menos fue bueno ver que en CR la gente todavía tiene capacidad de reacción cuando alguien alza la voz.

  3. alonso brenes on 28 de julio del 2009 28 de julio del 2009 | 11:42 am

    Me parece excelente este ejemplo de cultura y civilismo que nosotros los ticos nos cuesta enteder, en este momento lo importante son los valores que les podemos inculcar a nuestros hijos ya que ellos son ejemplo de nuestras actitudes. Ademas de que creemos que todo lo podemos resolver con gritos y matonismos no es mas que el reflejo de falta de caracter se dice que cuando una persona se enoja o grita tiene caracter yo pienso que al contrario es la fatal de él, por lo que muy importante creer en los valores y ser personas de bien para la sociedad, Por cierto el niño de la historia es un candato para ser un chapulin (en costa rica llamamos a los delicuentes juveniles asi) y despues el papá no sabe porque su hijo se mete en problemas cuando sea un adolecente

  4. nippontico on 28 de julio del 2009 28 de julio del 2009 | 4:46 pm

    Ojalá que no sea que a los ticos nos cuesta entender, porque entonces la cosa es aún más grave.

    Algo ha pasado en CR en los últimos años que desestimula la cortesía. Y lo curioso es que ello ha ido aparejado del surgimiento, sobre todo en los últimos 10-15 años, de dos fenómenos, uno público y otro privado.

    En la esfera pública se ha puesto de moda el lenguaje frondoso, pomposo y fanfarrón, lleno de un formalismo hueco, quizás porque los políticos y los altos burócratas no saben distinguir entre el formalismo y la formalidad.

    En el ámbito privado se manifiesta en esa falso tuteo “amistoso” que se ha puesto de moda en muchas empresas al tratar a sus clientes.

  5. Eduardo Trejos on 29 de julio del 2009 29 de julio del 2009 | 1:47 am

    Felicidades por los escritos, muestran una realidad que nos permite reflexionar como nos desenvolvemos en Costa Rica y cuanto podemos mejorar para ser una sociedad más justa y solidaria.

  6. Gerardo Venegas on 1 de agosto del 2009 1 de agosto del 2009 | 2:17 pm

    definitivamente una vez más triunfa la pluma sobre la espada. que los ticos disfrutan de ser agresivos es un hecho, prueba de esto San Jos’e y alrededores en horas pico.
    sin bien nuestro Pedro picapiedra “rompe hocico” es una cruda muestra de realidades, más sorprende la actitud logica de la dulce niña que ante patrones que no encajaban en su vision de mundo, busca respuestas, a conductas barbaricas.
    Japón es definitivamente un ejemplo de conducta, mas no diria que nuestra tiquisia deba adoptar tales patrones.
    quien lo viviera sabe que no hay amabilidad mas grande que en un pueblito perdido del pais.

    ahora nada mas espara que “bam bam” no adopte la conducta que rambo padre y sea mas amable en proximo.

  7. admin on 1 de agosto del 2009 1 de agosto del 2009 | 9:44 pm

    Eso que usted señala es justamente lo penoso de la CR de hoy. Que ese trato amable y generoso, que todavía existe en los pueblos, se está perdiendo.

Nombre


Email


Web


XHTML: Puede usar las siguientes etiquetas en su comentario: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Comparta su sabiduría




Comentarios recientes


Nippon Tico


Misceláneo


Derechos de autor